LAS CUATRO TORMENTAS PARA EL GERENTE DE HOY
Cualquier persona que esté ocupando una posición gerencial en esta década, en cualquier industria, en la función que se desempeñe, en la geografía en la que opere, independientemente del tiempo que lleve en el rol gerencial, se está enfrentando con seguridad a cuatro fuertes tormentas que lo sacuden constantemente y le impiden llevar el timón de su rol y posición de una manera más segura y confiada. Cada gerente se enfrenta no a una ni a dos ni tres, se enfrenta a todas las cuatro tormentas de manera simultánea e intensa.
La primera tormenta es la tormenta del mercado. Es la necesidad imperativa de ganar sobre la competencia, atraer más clientes y hacerlo en condiciones de rentabilidad y crecimiento que superen las expectativas de socios, accionistas o dueños. Sin importar la función específica en la que se desempeñe, bien sea un centro de ingresos – gerencia general, ventas o mercadeo- o funciones de soporte – RRHH, IT, finanzas etc – , cada uno tiene que aportar para conseguir de manera conjunta los resultados de compañía. Las metas anuales crecen y crecen, la mayoría de las veces sin ningún tipo de soporte racional para las mismas y los gerentes deben cumplir con las mismas sin chistar ni discutir demasiado. El mandato de dueños y accionistas sean estos personas naturales, fondos de capital privado o casas matrices de multinacionales es el de crecer a doble dígito, mejorando niveles de rentabilidad y ojalá con los menores recursos posibles. Esta primera tormenta pone entonces a prueba las capacidades de gestión -y malabarismo- de los más experimentados gerentes.
La segunda tormenta es la tormenta de la organización. Para poder ser exitoso hacia afuera y hacia adentro un gerente necesita saber mover de manera correcta los hilos organizacionales correspondientes. Entender los círculos de poder al interior de su organización, gestionar de manera efectiva a personas y equipos de trabajo cada vez menos leales y menos seguidores de jerarquías, influenciar de la manera correcta a sus pares y otras instancias organizacionales, gerenciar a su jefe -o a sus jefes, en más de una ocasión son más de uno- son apenas algunos de los retos que enfrenta un gerente cualquiera en el mundo organizacional de hoy. Grandes mentes, con grandes ideas y un muy buen nivel de conocimiento en lo que se debería hacer en términos del negocio, pueden ver fácilmente frustrados sus propósitos por bloqueos políticos, falta de presupuesto, o la terquedad de algún mando medio que impide de manera poco racional la evolución de las iniciativas propuestas.
La tercera tormenta es la tormenta de la época. Hoy, como nunca, la disrupción y los cambios están a la orden del día. No hay industria ni compañía y por tanto un gerente que no deba estar preguntándose acerca del impacto de lo digital en su modelo de negocio. Las nuevas tendencias digitales dentro de las que se incluyen el Big Data, la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas, el Aprendizaje de las Máquinas, entre otras llegaron para quedarse y generar cambios dramáticos en la forma de llegar al mercado, en la experiencia del cliente, en los procesos de back office, en las capacidades analíticas, en la definición de roles laborales entre otros. Hoy en día ningún gerente se puede dar el lujo de declararse ignorante o incompetente al respecto pudiendo correr el riesgo de que una mañana su negocio amanezca desplazado por algún jugador disruptivo. Y para completar el panorama los cambios no vienen solo en lo tecnológico: nuevas formas de trabajo ágil, tendencias hacia el trabajo remoto, millennials entrando a la fuerza laboral con nuevas demandas y expectativas hacen de esta tormenta todo un reto en habilidad y capacidad gerencial.
La cuarta tormenta es la tormenta del individuo. La necesidad de encontrar propósito de vida en el rol actual, la incansable búsqueda del equilibrio entre el tiempo laboral y el tiempo personal, preguntas personales sobre la felicidad y el destino son algunas de las preguntas que rondan la cabeza de gerentes y directivos. Hace algunos años el camino en una organización estaba claro. Las personas ingresaban y buscaban ascender por la escalera del éxito en la organización cargo tras cargo. Hoy las ofertas en el menú son mucho más ricas y variadas. Ir a trabajar a la competencia, salirse y buscar un emprendimiento personal, apostarle a la carrera corporativa fuera del país de origen, tomarse sabáticos para recorrer el mundo o estudiar sobresalen como algunas de las alternativas que generan más turbulencia en la cabeza de los gerentes de hoy.
¿Qué hacer entonces? Ninguna de estas tormentas tiene la intención de ceder pronto. Por el contrario. La mayoría de ellas tienden a intensificarse en los próximos años. La única respuesta aceptable para aquellos que decidan continuar jugando el juego gerencial sobre todo en grandes y medianas compañías es continuar preparándose para el reto, como haría cualquier experimentado marinero ante el advenimiento de tantas tormentas simultaneas. Esta preparación implica seguir trabajando en tres aspectos: el conocimiento – de la industria, la función, las tendencias; la personalidad -de liderazgo, templanza, propósito, ecuanimidad; y la habilidad -de gestionar, influenciar, analizar, tomar decisiones y comunicar. Hablemos un poco de cuáles habilidades específicas se pueden desarrollar para atravesar cada una de las tormentas.
La superación de la tormenta del mercado requerirá entonces de habilidades específicas de pensar estratégicamente, analizar las situaciones y tomar decisiones. Sumado al conocimiento específico de la industria y los mercados, los gerentes deben desarrollar capacidades superiores de pensamiento estratégico. Esto es, el entendimiento de los elementos de un sistema, la capacidad de entender de manera holística el mercado y sobre todo, la habilidad de anticiparse a jugadas de los competidores o a tendencias de consumo de los clientes. Así mismo, las capacidades analíticas superiores tienes que estar en la caja de herramientas de los gerentes de hoy y de mañana. El obtener insights a través de los datos, identificar patrones, correlaciones y proporciones se vuelve fundamental para abordar la tormenta del mercado. Por último la habilidad de tomar decisiones con poca información y basándose siempre en hechos y en intuición y no en opiniones será crucial para capotear esta tormenta
La superación de la tormenta organizacional requerirá de un conjunto de habilidades distintas: La capacidad de moverse políticamente, de influenciar y persuadir a los demás, de negociar acuerdos favorables no solo para la compañía sino también para el área específica al interior de la organización; la capacidad de gestionar a equipos, pares y jefes; y la habilidad de comunicar de manera verbal y escrita en escenarios uno-a-uno y en escenarios de mayores audiencias son críticas para superar esta tormenta.
La superación de la tormenta de la época sólo se logrará con las llamadas habilidades del siglo XXI como la creatividad, la toma de riesgos, la capacidad de resolver problemas y particularmente con desarrollar una mentalidad digital. Esto último significa tener la mente abierta para encontrar oportunidades de convertir procesos en modelos digitales: desde la ejecución de tareas repetitivas, hasta interfases de conexión con clientes y canales, o búsqueda de fuentes de datos, procesamiento y análisis para obtener información crítica de un mercado o segmento. Un gerente debe estar con los ojos abiertos para encontrar cualquier oportunidad de digitalización que se presente.
La superación de la tormenta del individuo deberá incluir procesos de reflexión interna -con o sin acompañamiento – sobre prioridades y propósito. Adicionalmente desarrollar capacidades de gestión del tiempo, que incluya el poner límites sanos, tener disciplinas de planeación que permitan sacarle el mayor provecho al recursos más limitado, a saber decir que no y hacerles el quite a los ladrones del tiempo como reuniones, interrupciones y el multitasking.
Las cuatro tormentas son y seguirán siendo una realidad para todos los gerentes. Estará en cada uno de ellos el tomar la decisión de quejarse de las mismas o de tomar la responsabilidad para enfrentarlas con sabiduría, personalidad y habilidad.



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